Lʟᴀᴍᴀᴅᴀ ᴍɪsᴛᴇʀɪᴏsᴀ
Recibí una llamada en mitad de la noche. Era un amigo al que no veía hace tiempo. Me pidió que fuera a una dirección. Solo dijo: ¡Es urgente!
Al llegar al sitio me percaté que era un barrio con escasa iluminación. Salió a recibirme y dejé el auto en una esquina de terreno irregular, en una pendiente por dónde corría el agua lluvia hacia otra vía de tierra.
Caminé esquivando el lodo y al encontrarme con él me llevó a una casa de un piso, de paredes de bloque. Había una reunión ahí, el ambiente muy tétrico con gente desconocida y de aspecto malandra.
Las ventanas estaban tapiadas apenas por una hendija se veía hacia el exterior. Entré y mi amigo acompañado de otro hombre me llevaron por un corredor que conectaba a otro espacio de la casa.
En el
trayecto vi más de 10 cuerpos inertes, frescos, pero mutilados, con heridas de
bala y cubiertos con sangre. De inmediato pensé que era una morgue alterna,
paralela a la oficial...
Crucé sin
miedo, recordé mi época de reportero de crónica roja donde ir a la morgue de la
Policía se volvió rutinario y ya me sensibilidad había volado.
Al final de ese pasillo macabro otra habitación. Había un par de adolescentes que fisgoneaban a través de otra ventana tapiada. Ellos estaban atentos. Pregunté qué querían de mí y el desconocido me mostró un maletín cuadrado, de material de lona negro repleto de dinero.
Les dije que yo no tenía ningún contacto afuera, que no podía ofrecer nada porque no era influyente en ningún poder del Estado. Les pedí salir y me dejaron ahí con ese par de muchachos que no tendrían más de 15 años.
Mi amigo y ese individuo se marcharon, y yo me quedé reflexionando que lo mejor sería escapar. Salí de esa habitación y al cruzar nuevamente por el pasillo me percaté que había menos muertos que la primera vez.
Llegué a la sala y una mujer de las que estaba sentada se despidió y salió de esa casa. Intenté salir de ahí, pero los demás no me dejaron.
Pedí hablar con alguien y me llevaron a una cocina. Ahí estaba una mujer de edad madura y unos niños. Traté de convencerla que yo no debía estar ahí, así que me ayudó y me hizo salir por una puerta trasera...
Ya en la
calle avancé por esa cuadra; recuerdo que vi un patrullero con las balizas
encendidas, yo vi mi auto a lo lejos, caminé sigilosamente y al subir traté de
encenderlo y no se prendió.
Intenté una vez más y nada. En medio de todo esto empezó a sonar mi teléfono celular. Lo busqué entre mis cosas y mientras más sonaba yo fui despertando a la realidad. Eran las 2:40... Un amigo llamó a pedirme que lo vaya a buscar a un sitio que precisamente no sabía dónde era...
Días más tardes me contó que esa madrugada estaba bebiendo en un bar, y que al regresar a su casa fue asaltado.


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