Carta al olvido
A veces suelo conversar con tu
recuerdo… y busco entre el viento algún abrazo de esos que solías darme… pero
despierto a la realidad y me vuelvo a perder en retazos de sueños.
Solía esperarte arreglado, quería
estar prevenido ante tanta ausencia… Se me fueron las fechas del calendario;
las más importantes se te pasaron por
alto, y las que no, también. Nunca
llegaste en Noche Buena, ni en Año Nuevo… ni San Valentín y en ninguno de
nuestros onomásticos.
Intenté justificarte ante mi
conciencia, le di explicaciones a mi corazón el porqué de tanto olvido, pero, la
lucidez de mi mente sabía que jamás volverías…
Te busqué por las esquinas, por las calles de la ciudad y mis labios no
se atrevían a pronunciar palabra alguna cuando intentaba preguntar por ti a
nuestros conocidos. Sabía que no debía…
que era un principio elemental que no debía romper.
Mi espera no midió horas, ni
días, menos semanas y meses, pero los años dejaron entrever tu ausencia. Y yo
en medio de la nada solo con tus recuerdos intangibles… nada físico de ti. Mis
cartas jamás leídas. Tus fotografías desaparecidas… El olor de tu cuerpo se
empezó a desvanecer con mi envejecimiento.
Empecé a llorar menos… mientras que en mi mente tu voz retumbaba esa frase: "Las cosas entre tú y yo no están bien… No vengas, pero si necesitas algo
llámame".
Quito, 12 de marzo 2018



Comentarios
Publicar un comentario