Propósito en vano
Lo que no nace, no nacerá jamás… Así se haya esparcido semillas y echado agua por todo el terreno; terreno árido, seco, infértil... Tierra muerta sin cabida a toda posibilidad de vida.
En la tierra que no germina ni
una sola raíz, no vale la pena
desgastarse por continuar abonarla. De nada sirve cavar hoyos ni sembrar
semillas ni dejar caer cualquier partícula de rocío con la esperanza de un
campo verdecer.
En lo que nace no merece dejarse
rastro alguno de aquella intención, intención sin maldad, propósito en vano que
sin solicitud ni llamado nació sin interés.
Pobre necio de quien por cultivar un campo solo obtuvo infortunio.
Y como no nace, es mejor
evaporarse, desaparecer, desvanecerse, pulverizarse y perderse entre la brisa
que corre… Olvidar la tierra, pero, dejar todas las semillas en aquel terreno por
si alguna vez llegara a florecer.



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